El último bolchevique

 

¡Lo siento compañero!, pero ya están reservados; fue la respuesta de Primitivo Sierra a la solicitud para que me vendiera un ejemplar del semanario VOZ, órgano de difusión del Partido Comunista colombiano. Hacía sólo un mes que había sido reconocido como ‘el miembro activo más veterano’ y homenajeado en un evento nacional de su partido. Primitivo, un curtido  militante, desde hace muchos años es responsable de la distribución del periódico en El Líbano dentro de los camaradas y simpatizantes de su organización. Todos los sábados ‘don primo’, como le llaman sus conocidos, con sus 93 años y su impedimento visual, algunas veces en compañía de su hijo Federico, realiza su rutinario periplo por los lugares donde ya tiene asegurados  los  ‘clientes’.  

 

Al día de hoy Primitivo sobrevive a sus seis hermanos de los cuales Anastasio, el año pasado, fue el último en fallecer. Después de enviudar en 1964 de Irene López su primera esposa, lo acompaña  en la vida desde hace treinta y siete años  Herminia Reyes, su nueva abnegada esposa quien lo asiste con amor y dedicación. Con ella engendraron a Gerardo quien en la actualidad reside en el exterior. Entre Primitivo y Herminia conformaron una gran familia a la que él aportó nueve hijos mientras ella lo hacía con diez. “Ninguno de mis hijos me ha seguido en mi militancia revolucionaria dentro del Partido Comunista” dice, mostrando cierta conformidad y agrega “están más bien dedicados a su trabajo y a sus compromisos familiares”.

 

Fueron los hermanos Sierra militantes comunistas con figuración en la vida política del municipio desde los años sesenta. Primitivo ufano de su lúcida longevidad, mantiene su residencia en el Líbano gozando del reconocimiento de la gente de su pueblo en especial por su experiencia política y su pulcritud ciudadana, razones sobradas para dejar anotados en estos párrafos algunos de sus ires y venires.

 

Para cualquier desprevenido parecería extraño, que en una villa de estirpe paisa y liberal, un boyacense miembro de una familia conservadora fuera representante de las fuerzas que se arrogan las banderas del cambio. Pero nada excepcional. Basta una mirada en la historia de El Líbano, para darse cuenta de que fueron precisamente hombres boyacenses, como los Piraquive y los Forero, los que levantaron las banderas bolcheviques en la conocida revuelta de 1.929. Así pues, Primitivo Sierra tiene todo el derecho de ser heredero de esta tradición.

 

Es que los boyacenses no han sido simples invitados o advenedizos. Su presencia se remonta  al siglo XIX cuando, al igual que los antioqueños, salieron de su territorio a buscar suerte y El Líbano los acogió. Y no se equivocó pues su aporte a la construcción de lo que es hoy el municipio ha sido igualmente  importante.  A propósito de la asimilación del migrante boyacense, el  historiador norteamericano James Henderson en su libro “Cuando Colombia se desangró” transcribe un comentario de la Contraloría del Tolima:

 

“Llama poderosamente la atención el modo como allí se transforma el boyacense. Llega encorvado, con la vista baja, caminando al trotecito y quitándose de para atrás el sombrero al saludar. No es miseria, porque en el bolsillo lleva con que emprender trabajos. Aguárdese que recolecte las dos primeras cosechas, que compre caballo de montar y se ponga machete al cinto; y entonces ¡ábranle campo!. Al contacto con otras tierras, otros soles y otras gentes sacude el peso de todos los agobios ancestrales, y a menudo se va entonces al lado opuesto, pasando a ser agresivo”. Sin duda el término ‘ser agresivo’ no es más que un eufemismo de ‘ser rebelde’. 

 

Por la humanidad de este camarada corren cerca  de ochenta años de historia de El Líbano. Desde muy joven había llegado a este municipio como parte de un grupo familiar que decidió dejar su terruño para buscar suerte en otras latitudes. Había nacido en 1917  en Tinjacá, un pueblo histórico de Boyacá cercano a Chiquinquirá, en un humilde hogar campesino, conservador y católico. Allí, siglos atrás, los conquistadores españoles habían encontrado una de las más radicales resistencias de parte de los aborígenes  tunjacanos, sus pobladores pre colombinos.

 

 La familia Sierra estaba compuesta, además de los padres, por siete vástagos de los cuales  dos hembras. A la muerte de su padre, Primitivo contaba con solo tres años, lo que obligó a su madre a hacerse cargo del sustento de la familia, pues los hermanos mayores apenas cruzaban la adolescencia. Pronto sus hermanas se desposarían para contribuir a paliar las penurias  de la familia.

 

 En este ambiente de afugias económicas, a mediados de los años veinte, Miguel el mayor de los hermanos, decide abrir alas y partir por primera vez de su comarca en busca de nuevos horizontes. Y el destino lo llevó a las fértiles y verdes montañas del Líbano. Estando allí, se vincula como peón a la finca ‘El Tesoro’, propiedad del General Antonio Maria Echeverry un combatiente liberal de las guerras civiles quien se había desposado con doña Olinda Parra, hija del general Isidro Parra, fundador del Líbano.

 

Pasado un corto tiempo, Miguel veía mejorar su condición laboral, hasta convertirse en partijero. Era el año de 1.933 cuando aquel joven campesino boyacense retorna a casa de su madre y hermanos con el firme propósito de convencerlos de que arrancaran con él para El Líbano donde había recibido un buen trato y vislumbrado posibilidades de una mejor vida.

 

En el entretanto Primitivo había viajado a San José de Pare, una pequeña villa vecina de Moniquirá, invitado por el cura párroco de aquel pueblo para desempeñarse como acólito, permaneciendo durante un año. Enterado de la presencia de su hermano mayor, retorna a Tinjacá picado por la curiosidad de saber sobre las aventuras y proyectos de Miguel. El solo escuchar el relato de su hermano lo impresionó tan positivamente que logró hacer cambiar de opinión a su madre y hermanos que no se decidían a tomar camino hacia tierras tolimenses.

 

Pasado un año, la familia Sierra está de viaje llevando consigo los enseres más indispensables. El primer destino sería la capital, Bogotá. Allí sufren un primer impacto al conocer la gran ciudad con sus modernas edificaciones, la circulación de un número impensado de automotores y en especial el tranvía eléctrico que acababa de inaugurar un nuevo modelo de vagones cerrados, conocido como las nemesias, aludiendo al nombre de su gerente Nemesio Camacho. Luego de pernoctar en Bogotá, en las primeras horas del día abordan un bus que les conduce hasta un paraje denominado Buenos Aires, en las goteras de Ibagué que albergaba una estación del ferrocarril, donde toman el tren de la Dorada apeándose en una estación intermedia, correspondiente al poblado de Venadillo, ubicado en una zona conocida como el Plan del Tolima.

 

Allí, en ese ardiente llano, conocerían lo que es el mismo infierno  soportando temperaturas de más de treinta grados. Un breve descanso para tomar camino a pie trepando hacia la cordillera, un paisaje reconfortante y animador por lo cercano a su hábitat ancestral. Luego de una larga jornada, que se hizo pesada por el peso de los corotos  que cargaban, se topan con un caserío en la vereda de Junín, donde pasan la noche. Fue el sitio escogido para una necesaria pausa en el camino, donde aprovecharon para celebrar las fiestas de fin de año con lugareños que los habían acogido sin prevención. Ahora sí, reconfortados, toman rumbo hacia el que sería su destino final: la finca del general Echeverry. Era el mes de enero de 1.934. A partir de ese momento Primitivo se vincula, junto con sus hermanos, a las labores agrícolas a través del destajo, forma de trabajo agrario predominante en la región.

 

Pasados dos años, en una de las visitas que realizan miembros de las ligas campesinas, asociación gremial con influencia del partido comunista, Primitivo toma la decisión de afiliarse a ella y meses después al Partido. Fue recibido con mucha simpatía debido a que sabía leer y escribir. De ahí en adelante, empieza a oficiar como escribiente de las actas de las reuniones con los campesinos de la vereda. Era la época de las grandes luchas campesinas motivadas por la ley 200/36 o Ley de Tierras del gobierno de Alfonso López Pumarejo, que ponía en alerta a los terratenientes con propiedades improductivas, y animaba expectativas en los campesinos pobres moradores en sus haciendas y atados con relaciones laborales pre modernas.

 

No acababa de cumplir veintiún años, la mayoría de edad para la época, cuando sufre  un primer percance con el establecimiento; suceso que todavía recuerda como si fuera ayer. Sin saber por qué es detenido y arrestado por  guardas de las Rentas de Licores del Tolima y conducido a una casa donde funcionaba el Estanco Municipal y el Juzgado de Aduanas. Este local, para entonces propiedad del General Isidro Parra, estaba ubicado en la esquina sur oriental del parque principal, sede actual de Bancafé. Es estando allí cuando se entera que se le sindica de contrabandear con tapetusa o chirrinche, un licor elaborado artesanalmente que le hacía competencia al aguardiente que desde remotos años producía y expendía monopólicamente el gobierno y por lo cual las autoridades lo decomisaban y apresaban a los infractores.

 

Luego de rendir declaración juramentada, Primitivo es enviado a la cárcel municipal del Líbano. Todo sucedió cuando, cerca de un rancho campesino, fue detectado un depósito de contrabando por agentes del Estado. Eran varias botellas de este licor procesado rudimentariamente. A propósito, Primitivo comenta que él simplemente transitaba por el lugar ocasionalmente,  sin tener la mínima idea sobre  ‘el escondido’ y  mucho menos participación alguna en el ilícito. Y agrega que, a pesar de conocer a los culpables, prefirió asumir la autoría en el delito antes que delatar a sus vecinos. Entonces fue condenado a seis meses de prisión por un juez de aduanas. Ante la súplica de Miguel su hermano mayor, el funcionario accedió a conmutarle parcialmente la pena, sustituyéndola por tres meses de trabajo social durante los cuales debería desempeñarse como auxiliar del conductor de la volqueta del municipio.

 

Para el año de 1.947 Primitivo Sierra ya es un combativo y experimentado militante, entonces, como reconocimiento a sus méritos,  es elegido por su célula como delegado al V Congreso del Partido Socialista Democrático –nuevo nombre que habían adoptado los comunistas colombianos desde 1.938 - a realizarse en Bucaramanga. Allí fue testigo del enfrentamiento de dos tendencias ideológicas. La browderista, que tomaba su nombre del dirigente comunista norteamericano Earl Browder, encabezada por Augusto Durán y Luis Morantes (Jacobo Arenas), quienes apoyaban la política de ‘frente popular antifascista’ heredada de la segunda guerra mundial. Y la leninista, liderada por Gilberto Vieira, que reclamaba independencia del movimiento obrero y popular. “Yo tomé partido por la línea del camarada Vieira, que a la postre fue la triunfadora, por ser la correcta y así logramos recuperar la denominación original de comunistas”, se jacta Primitivo.

 

Pasado un tiempo los hermanos Sierra se convirtieron en pequeños y medianos propietarios campesinos productores de café, integrándose a través del gremio de los cafeteros a muchas de las actividades comunes al municipio. “A pesar de hacer parte de un grupo político pequeño, para los años sesenta éramos respetados y tenidos en cuenta por sectores de la población y a regañadientes  por los otros políticos” dice Primitivo con el asomo de una tímida sonrisa de satisfacción, para agregar: “Anastasio incluso ocupó cargos directivos en la Cooperativa de productores de café”. Pero también rememora los momentos y episodios duros de la época de la violencia donde vio caer asesinados a muchos campesinos militantes o amigos del partido y a liberales y cómo a él y a su familia les tocó pasar largos y duros  días en la clandestinidad o huyendo.Cuenta que en los momentos más crudos de este nefasto episodio, un día fue detenido por la policía chulavita en su finca en Tierradentro y llevado al ‘pote’ en el Líbano donde sufrió amenazas de muerte. Dice que logró salir libre gracias a la defensa que hicieran Luis Alberto Castaño y su hermano Miguel. “No había de otra, a partir de este susto abandoné la finca y me vine a vivir al pueblo” dice Primitivo.

 

Hoy recorre el pueblo poniendo en las manos de los militantes y simpatizantes quince ejemplares de ‘Voz’. Recuerda esta asidua y reconfortante actividad, anotando: “el primer periódico que distribuí fue el de las ligas campesinas llamado ‘Tierra’ y, fue a partir de la creación en 1.957 del Semanario oficial del Partido, que inicié su distribución. Primero cuando  se llamó  ‘Voz de la Democracia’, después cuando tuvo el nombre de ‘Voz Proletaria’ y hoy de ‘Voz’ ”. Explica estos cambios de nombre, “debido a las orientaciones emanadas de los congresos del Partido, de acuerdo a las condiciones del país y del mundo”.

 

Primitivo no ha sido objeto de relegación o estigmatización, salvo en aquella oscura época de La Violencia. Tal vez por ser el Líbano un pueblo en el que, en el subconsciente colectivo,  perviven tradiciones libertarias y se profesan credos o doctrinas que riñen con lo tradicional. Por ello, nuestros camaradas hacen parte de un paisaje cultural y político, sin mayores reservas. Desde siempre en todo hogar libanense liberal o conservador ha habido, para mostrar, un pariente díscolo, alternativo, contestatario. Esto no excluye a las ‘mejores familias’.

 

En política electoral fueron Anastasio y Primitivo, los Sierra que más activamente participaron. Lo hicieron primero como Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, luego con movimientos independientes y en menos oportunidades como Partido Comunista. En su mejor momento eligieron concejal y obtuvieron cerca de trescientos votos. Primitivo consiguió en tres oportunidades curul en el Concejo Municipal. No faltan quienes afirman que el dirigente liberal Alfonso Jaramillo, ‘por debajo de cuerda’, daba orientaciones para que en algunas veredas sus adeptos apoyaran a los camaradas para que obtuvieran edil. Bueno, me imagino que después pasaría cuenta de cobro en las alianzas departamentales para listas de Asamblea y Cámara.

 

Como un hecho destacado, menciona Primitivo, el movimiento cívico contra el gobernador, en ese entonces Alfonso Jaramillo, dirigido por un paisano de apellido Medina, más conocido como “Papujo” con el que el funcionario mantuvo un rifirrafe, desde el balcón del segundo piso del Palacio Municipal. “Iban y venían reclamos, respuestas,  promesas, ironías, sin una sola palabra de agravio personal” cuenta Primitivo y prosigue diciendo que finalmente se decidió realizar una reunión a puerta cerrada, en la sede de la Alcaldía. Recuerda como el entonces Coronel Matallana instó a “Papujo” a desocupar el pueblo en el término de las siguientes veinticuatro horas. Se dice que ante esta admonición el dirigente popular le respondió: ”Coronel, ¿entonces dónde quiere que le coloque la iglesia? Si lo profiere la pongo en la Polka”. Y san se acabó, las partes se levantaron y el paro continuó.

 

Refiriéndose al recurrente abandono de su Partido por antiguos camaradas que, en palabras de Primitivo, “se han cansado de la lucha”, comenta que “esto ha sido resultado de las amenazas y tentaciones”. A propósito cuenta que “el doctor  Jaramillo muchas veces nos halagaba para sacarnos del partido, como hace poco hicieron con Lucho y Angelino, pero conmigo no pudieron”.

 

Tiene fresca en su memoria aquella jornada electoral en que,  por primera vez, después de treinta años, una persona diferente a la señalada por el político Alfonso Jaramillo, asume la Alcaldía del Líbano. Entonces dice Primitivo: “Creo que fue por los primeros años de la década del noventa cuando se logró aglutinar a todas las fuerzas de oposición existentes en ese momento y poner un candidato único, que a la postre resultó ganador y el Partido consiguió una curul que me correspondió desempeñar”. Comenta que los comunistas jugaron un papel muy importante  en esa ocasión, ayudando a superar el sectarismo  que existía en algunos sectores y señala que fue tanto así “que inclusive allí estuvieron presentes desde los conservadores hasta los adeptos de una señora que se  hacía llamar Regina Once, una especie de bruja”.  

 

Desde su plena lucidez mental dice que lo único que lo molesta es la vista, pero prefiere no usar gafas pues “la médica me dijo que no es mucho lo que me van a servir”.

 

Al igual que al ‘Federico Sánchez’ de Jorge Semprún, que duro esperando “eternamente” que se diera el día de la huelga general en la España  franquista, a Primitivo parece no importarle que hayan transcurrido más de setenta años anhelando la llegada al poder del comunismo y,  éste,  cada vez más esquivo y lejano.

 

 

Carlos E Londoño Satizábal.

Bogotá-Líbano

Junio de 2010

 

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